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  • 12 de marzo de 2015

    La españoleta, un herraje para ventanas que condicionó la arquitectura y el urbanismo del siglo XIX
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    En la última revista AITIM (en breve en manos de los suscriptores) hay un interesante artículo dedicado a la españoleta, un curioso y conocido herraje de origen español y conocido con tal nombre en toda Europa.

    Los primeros ejemplos se encuentran en el siglo XVI en España pero no es hasta el siglo XVIII cuando se expande por toda Europa. Su uso condicionó el desarrollo de las arquitecturas de finales del XIX ya que permitió el diseño de la ventana balconera (alta y esbelta), que proporcionaba más luz a los espacios entre crujías, los techos se hicieron más altos y las estancias mejor ventiladas. Cambió la arquitectura urbana.

    A su vez los edificios debían separarse lo suficiente para captar emás luz, lo que unido al tamaño de los carruajes determinó un ancho mínimo de las calles.

    ¿Qué hacía diferente la españoleta de las simples fallebas o pestillos alargados? Que ejercían presión gracias al giro de la maneta y a los ganchos situados en los extremos de la barra con un simple empuje hacia afuera. Así se conseguía un mayor hermetismo entre las hojas que quedaban presionadas entre sí y contra el cerco.

    Las grandes ideas muchas veces son sencillas, pero no simples.

    He aquí como un simple herraje hizo evolucionar la arquitectura y el urbanismo en un momento histórico concreto.

    De esto, más desarrollado, se habla en el artículo De la falleba a la españoleta, un viaje mundano de ida y vuelta, que ha escrito Bernardo López Lozano, carpintero y ebanista de la empresa Tramat, en la revista nº 293 de AITIM.

    Tesis parecida se desarrolla también en el libro de AITIM, Carpintería Tomo I (ver página web www.aitim.es)

    Ambos textos deben considerarse pequeños jalones de la historia de la carpintería y de los herrajes, todavía sin escribir.