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  • 17 de julio de 2014

    Ha fallecido Humberto Álvarez Noves, investigador del INIA
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    NECROLOGICA  DE HUMBERTO  ALVAREZ  NOVES, por Antonio Camacho Atalaya, perito de montes

     

    La noche del 10 al 11 de julio ha fallecido en Madrid Humberto Álvarez Noves.

    Recordar a una persona que estuvo tan cercana, es muy duro.

    Humberto y yo ingresamos en AITIM el mismo día: 15 de Septiembre de 1968. El, Ingeniero de Montes y yo Perito de Montes. Nuestro cometido era saber el número de empresas en España de puertas planas de madera y de fábricas de chapas y tableros contrachapados por motivos de los planes de desarrollo.

     

    Estuvimos casi un año recorriendo la geografía patria, comenzando en la estupenda fábrica de MARGA en Santander, donde fabricaban muy buenos tableros y sus acreditadas puertas planas. Estuvimos dos semanas, recibiendo información de Don Emilio Heras, compañero de curso de Humberto y director de la fábrica.

     

    Ni Humberto ni yo teníamos experiencia en estas industrias y en MARGA nos enteramos perfectamente. Valencia tenía en esa época mucha importancia la industria de la madera y estuvimos más de tres meses.

     

    A la conclusión del trabajo, Humberto presentó los resultados en una pequeña monografía, que desde entonces fue referencia para quien quisiera enterarse de estos procesos de fabricación.

     

    En nuestro recorrido entrábamos en grandes empresas y en minis, casi rudimentarias. Entre las grandes La Aeronáutica, Vilarrasa, Norma, Eliseo Estrada, Pemsa, Esteban y Bartolomé, Sabaté, Song Alena y la citada Marga.

     

    Hubo anécdotas. Un churrero en Pontevedra fabricaba puertas y tenía una sierra circular como única maquinaria para cortar los largueros y los tableros contrachapados los compraba cortados a las medidas de las puertas. Los encolaba al alma de la puerta con una brocha gorda empleando cola de fraguado en frío. Esta persona amontonaba las puertas y en la última ponía sacos de harina para hacer presión. 24 horas después tenía las puertas.

     

    En esos años empezaba el despegue económico de España y se construían viviendas a mansalva. He visto vender verdadera basura. Puertas con tantos nudos negros en sus cantos, que yo pensaba dónde podrían atornillar los tornillos de las bisagras.

     

    De cada fábrica tomábamos notas de sus máquinas, de la potencia que usaban, del número de obreros distinguiendo categorías, productos fabricados, etc. En Valencia, Vilarrasa tenía dos fábricas, una en la calle Jesús y otra en Mislata y Humberto al director le preguntó que de qué era Ingeniero y respondió = “No soy Ingeniero, soy ingenioso”.

     

    Como digo, tras la estancia primeriza en Marga, cuando entrábamos en cualquier fábrica sabíamos de un vistazo lo que nos íbamos a encontrar. Pues con todo, a veces nos encontrábamos con situaciones nuevas y en ellas era dónde aprecié las facultades de mi compañero: era tranquilo, meditaba, pensaba dos veces lo que iba a decir o preguntar y obtenía lo que quería.

     

    Aunque en MARGA tenían toda clase de maquinaria para elaborar chapas y tableros, en alguna otra fábrica tenían máquinas con estructuras diferentes, pero haciendo lo mismo, por lo que al ver una máquina desconocida lo primero que yo hacía era preguntar por el trabajo de esa máquina.
     
    Y Humberto me dijo que quedábamos en mal lugar con esas preguntas. Que antes de preguntar me fijara en el tipo de madera que entraba en la máquina y viera cómo salía y entonces comprendería que en el interior de la máquina habría una sierra, una fresa, una lija u otra herramienta.

     

    Llevábamos una carta del Ministerio de Industria por si no nos dejaban entrar en alguna fábrica y parecíamos policías. Jóvenes, más de 1,80 m. de estatura, delgados y distinguidos, sobre todo Humberto, siempre con chaqueta y corbata.

     

    Acabamos y a mí me mandaron al IFIE una temporada y Humberto aterrizó cuando ya se llamaba INIA y aquí pasó su vida laboral. Yo iba mucho al INIA por motivos del control de calidad de los Sellos AITIM y era un encanto encontrar a Humberto, amigo de todos, lo que en el gremio de Ingenieros de Montes es un imposible, nunca se enfadaba, competente. Sólo me basta decir que dirigía tesis doctorales sin ser doctor ingeniero. Estaba considerado el mejor compañero en la Sección de Maderas del INIA y además majo, educado, cumpliendo con sus deberes.

     

    Hará 20 años me sorprendió saber que había hecho un libro sobre secado de la madera, que cualquier forestal sabe de su importancia para el correcto empleo de este material y quedé admirado de su redacción. Los autores del libro fueron Fernández-Golfín y él, pero yo que sé algo de este secado, me enteré lo que había escrito Humberto y quedé admirado, diciéndome que una obra así justifica toda una vida.

     

    Y no fui yo sólo, pues Francisco Javier Jiménez Peris que era el responsable de la asignatura de maderas en la Universidad de Córdoba, tenía a este libro como texto.

     

    Creo recordar que su padre murió pronto, pues me hablaba de sus vacaciones en La Yedra, una pedanía de Baeza en Jaén, donde su madre tenía una casa. No me enteré si era un olivarero de Jaén.

     

    Al final de su vida tuvo suerte y mala suerte. Suerte porque en Septiembre de 2014 habría cumplido 79 años, que es una respetable edad y mala suerte porque el año anterior a jubilarse con 65 años estuvo casi el año entero de baja por una fibrosis pulmonar que pudo contraer trabajando y no le abandonó y a principios de 2014 se le detectó una insuficiencia renal, que se le complicó con una pancreatitis.

     

    Tuve la suerte de merecer su amistad 46 años y en estos momentos me acuerdo de esa canción que dice algo así como = “Cuando un amigo, se va, algo se muere en el alma ……..” Yo he perdido mucho. Me habría gustado me acompañara algunos años más.