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  • 11 de junio de 2018

    465 púlpitos de madera en el Pinterest de AITIM
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    Muy pocos habrá hoy en día que hayan asistido a una predicación desde un púlpito. Sin embargo la mayoría de las iglesias disponen de ellos y en muchos casos son verdaderas obras de arte de la carpintería y la ebanistería.

    Todo púltipo que se precie consta de tres elementos fundamentales: escalera, cabina y tornavoz o resonador a modo de casquete superior. Éste último era fundamental para amplificar la voz del predicador sagrado.

    Los púlpitos, del latín pulpitum (tribuna) cayeron en desuso cuando se instaló megafonía en las iglesias pero siguen presentes en ellas por su valor ornamental. Solían incluso ser objeto de un diseño atrevido, tanto en lo decorativo como en lo estructural. Seguramente las primeras escaleras curvas se probarían allí. Al fin y al cabo su uso era esporádico y no podían producir tantos accidentes como en una escalera convencional. Algunas de ellas son verdaderamente arriesgadas y es difícil imaginarse al predicador subiendo o bajando por ella.

    El púlpito reforzaba la autoridad del orador no solo por su posición elevada respecto al resto sino porque, al disponer de una vista privilegiada del auditorio, podía reconvenir desde lo alto al que se despistara momentáneamente. 

    Como contrapunto solían disponer como ornamento de una figura de paloma representando al Espíritu Santo para recordar las virtudes de la claridad y la brevedad de la prédica.

    Los motivos decorativos de los púlpitos eran los del propio edificio aunque no faltan las consabidas diferencias de estilos arquitectónicos. La mayoría forman un mero atril o peto pero otros se arriegan a formas figurativas curiosas, como de casita o balcón y no faltan algunos más atrevidos como globo terráqueo, follage de árboles y plantas (muy frecuente en el Barroco) e incluso la boca de una ballena.

    Hay muchas anécdotas curiosas en torno a los púlpitos. A modo de muestra se puede comentar la de San Francisco de Asís, que se recoge en "Las Florecillas". Ahí se cuenta que el santo animaba con poco éxito a otro fraile muy tímido a que subiera a predicar. Un día, ya cansado de repetírselo, y a modo de penitencia le obligó a subir en paños menores al púlpito. Las risotadas de los parroquianos hicieron cohibirse aún más al orador. San Francisco, arrepentido de su gesto se quedó el mismo en paños menores y subió al púlpito a acompañar al fraile en su predicación.

    Sea cierta o no la anécdota, en el siguiente enlace pueden verse los púltpitos de madera encontrados hasta ahora y que seguirán ampliándose poco a poco

    https://www.pinterest.es/eperaza1431/iglesias-de-madera-y-madera-en-las-iglesias/p%C3%BAlpitos/