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  • 27 de abril de 2011

    Los almacenistas e instaladores de parquet ante la crisis
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    El objetivo de este colectivo madrileño agrupado en ALPAMA es contrarrestar la enorme fuerza de sus grandes competidores: los grandes almacenes y grandes superficies de bricolaje que se han establecido en España que con su agresiva política de precios está alterando gravemente el mercado del almacén tradicional, con las dificultades añadidas por la crisis económica.

    Dicha coyuntura complica mucho a los almacenistas madrileños a trabajar con el fabricante nacional de parquet, barniz, colas y de otros productos que intervienen en la instalación del suelo de madera, ya que irrumpen en el mercado productos con unos precios difíciles de igualar; en ocasiones con calidades parecidas. “Lo ideal es que hubiese mayor entendimiento entre distribuidores y fabricantes españoles, para que el beneficio repercutiese en ambas partes, pero el mercado manda y no es fácil alcanzar acuerdos –señala Juan Antonio Torrijos, recientemente elegido Presidente de ALPAMA-.” 

    Por otra parte, distribución e instalación tampoco están demasiado coordinadas en la Comunidad de Madrid, aunque sus principales empresas están representadas en APISMA y ALPAMA respectivamente. 

    La principal virtud y ventaja del socio de ALPAMA, que le distingue y diferencia cualitativamente en el mercado, es que se trata de un almacenista especializado en el segmento del pavimento ligero; principalmente de madera. Con ello, prestan a su cliente un servicio profesional, cercano y personalizado. Especialmente al pequeño instalador, a quien asesora y ofrece una garantía y una solvencia en lo que compra que, difícilmente van a hallar en otro punto de venta. Son empresas pequeñas y medianas, con gran arraigo y una clientela fiel y estable, bien estructuradas a su nivel; pero minúsculas en comparación con los grandes centros de distribución que operan de cara al público y que juegan con unas ventajas financieras a las que no pueden optar los pequeños almacenes. 

    Por su parte la asociación madrileña de instaladores APISMA, ha logrado aunar y compactar el colectivo de colocadores de suelos de madera de la Comunidad de Madrid, regularmente ha propuesto atractivas promociones al mercado y, lo que es muy importante, ha prestigiado el sector, cuidando y preservando la responsabilidad de las empresas instaladoras. Con tal propósito se creó en su día la acreditación profesional de instaladores de parquet; sello de calidad de este servicio, que aún hoy permanece vigente y utilizado por todas las principales empresas del ramo de Madrid.

    Los socios de APISMA confían en que aumente la actividad de la reposición de parquet en la rehabilitación. “Es ahí donde un instalador plasma toda su capacidad profesional, y donde sus servicios y el producto que coloca cobran el máximo valor añadido –continúa Ángel Rodríguez-. La acreditación profesional y la responsabilidad de ser miembro de una Asociación seria son las mejores armas contra el intrusismo en nuestro sector”.

    El intrusismo profesional en la instalación de elementos de carpintería de madera en obra nueva y rehabilitación siempre existirá, ya que es relativamente sencillo montar una cuadrilla de obreros que suplanten al auténtico especialista en la colocación de parquet. “La única forma de combatir el intrusismo es ofrecer al cliente unos servicios especializados, responsables y acreditados, un producto de calidad contrastada, bien instalado y con un acabado impecable –insiste el Presidente de APISMA-. Desgraciadamente, cuando un cliente descontento hace una reclamación, no se fija en los fabricantes de parquet o del barniz, sino en las personas que llevaron a cabo la instalación; responsable final de la obra”. 

    La crisis también ha afectado a APISMA. Las empresas son estructuras de resistencia económica débil. Para ellas afrontar el importe de una obra es difícil, trabajan muy ligados al crédito bancario que hoy, como es sabido, apenas fluye.

    La subcontratación ha supuesto otra limitación importante para este colectivo profesional. Las empresas han de subcontratar directamente y la ley obstaculiza la opción de hacerlo por segunda vez a la misma persona. “Esta circunstancia dificulta el futuro del sector –considera Ángel Ramírez Mon-. La legislación sobre subcontratación se da de bofetadas con la que afecta a los autónomos. La primera restringe el desarrollo de la segunda, y la contradicción perjudica especialmente a sectores como el nuestro”.

    Por otra parte, el convenio de la madera en Madrid, condicionado por el estatal, pactado en condiciones que no son las actuales, ha complicado sobremanera la contratación colectiva y ha generado un grave desequilibrio económico en las empresas, ya que tienen que aplicar incrementos de salarios muy superiores a lo que pueden repercutir en sus precios.

    Afortunadamente, el año pasado se aprobó una modificación sobre la ley de morosidad de 2003, donde los plazos de pago no deben ser 120, 150 ó 180 días, sino que han de ser los fijados en la ley, que son para 2011 un total de 85 días, y 60 a partir del 1 de enero de 2013. “Es un logro importante que nos debe animar - concluye el Presidente de APISMA-. Lograr la plena aplicación de esa reforma supone no asumir riesgos excesivos en la contratación de obras, lo que ha supuesto la ruina de muchas empresas del sector de la carpintería de la madera”.

    En conclusión, limitada la gran construcción por varios años y empeñadas a pesar de todo en subsistir, las empresas madrileñas de instalación de parquet aspiran a cobrar en tiempo y a responder de un trabajo bien hecho. Sólo así será posible contratar mejor, y obtener mayor valor añadido en la rehabilitación.  

     

    Fuente: www.fepm.com